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Aunque parezca increíble, ‘123456’ sigue siendo la contraseña más usada en la actualidad.

Leonardo Villa Rodriguez C.E.O Consultores Tecnológicos

La contraseña más común de 2025 sigue siendo ‘123456’ y pone en riesgo la seguridad digital

Aunque cada vez se habla más de ciberseguridad, en la actualidad sigue repitiéndose un problema que parece no tener fin: el uso de contraseñas débiles y fáciles de adivinar, cuando la mayoría de nuestras actividades pasan por internet, hay un dato que sigue llamando la atención y generando preocupación: la contraseña más utilizada en el mundo sigue siendo “123456”.


A pesar de los constantes avances tecnológicos y de las advertencias sobre ciberseguridad, muchas personas continúan usando combinaciones simples y predecibles para proteger su información digital.

Según informes recientes de NordPass y Comparitech, este patrón se repite a nivel global y afecta a usuarios de todas las edades, regiones y contextos, tanto personales como laborales. Especialistas de ESET advierten que este hábito representa una de las principales vulnerabilidades de seguridad digital, ya que facilita el robo de datos personales, financieros y empresariales.

Un problema que se repite sin importar la edad

Uno de los aspectos más llamativos de los estudios es que el 25 % de las 1.000 contraseñas más usadas están formadas únicamente por números.
Además, “123456” aparece como una de las más utilizadas en todos los grupos etarios analizados:

  • generación Z,
  • millennials,
  • generación X,
  • y baby boomers.

Desde ESET Latinoamérica señalan que esto deja claro que el uso de contraseñas débiles no está relacionado con la edad ni con el nivel de conocimiento tecnológico.
Tanto jóvenes como adultos tienden a priorizar la facilidad de recordar una contraseña, sin considerar que esa misma facilidad la convierte en un blanco sencillo para los ciberdelincuentes.

América Latina: un escenario aún más preocupante

En América Latina, el panorama es especialmente delicado. A la falta de concientización sobre seguridad digital se suma el aumento sostenido de las ciberamenazas en la región.

Datos de NordPass revelan que contraseñas como:

  • “123456”,
  • “password”,
  • y variaciones numéricas simples

siguen encabezando los rankings en países como Brasil, Chile, Colombia y México.

Especialistas advierten que el uso masivo de credenciales débiles no solo afecta a usuarios individuales, sino que amplía la superficie de ataque para fraudes digitales, robos de identidad y accesos no autorizados a plataformas bancarias, redes sociales y servicios institucionales.

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El error también está en las empresas

Un caso real que lo deja en evidencia:

Para ejemplificar estos riesgos, ESET recordó un incidente ocurrido en octubre de este año en el Museo del Louvre, en París.
A pesar de contar con infraestructura de seguridad avanzada, el sistema fue vulnerado debido al uso de una contraseña evidente. El acceso no autorizado permitió el robo de joyas valuadas en más de 100 millones de dólares.

Este caso se ha convertido en un claro ejemplo de cómo una contraseña débil puede anular incluso los sistemas de seguridad más sofisticados, dejando expuestos activos de gran valor.

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Buenas prácticas para proteger mejor nuestras cuentas

Ante este panorama, los especialistas recomiendan adoptar hábitos más responsables al momento de crear y gestionar contraseñas.

Entre las principales sugerencias se encuentran:

  • utilizar contraseñas de al menos 12 caracteres,
  • combinar letras mayúsculas, minúsculas, números y símbolos,
  • evitar secuencias obvias o datos personales como fechas o nombres,
  • no reutilizar la misma contraseña en varios servicios,
  • apoyarse en gestores y generadores de contraseñas seguras.

Estas acciones permiten elevar el nivel de protección frente a ataques de fuerza bruta y accesos no autorizados, que cada vez son más frecuentes en el entorno digital actual.

Reflexión

Que “123456” siga siendo la contraseña más usada deja en evidencia que la seguridad digital sigue siendo más un tema de hábitos que de tecnología.
Muchas veces el riesgo no está en la falta de herramientas, sino en la confianza excesiva y en la costumbre de elegir lo más fácil.

Cambiar una contraseña puede parecer un detalle menor, pero en realidad es una de las primeras líneas de defensa para proteger nuestra información, nuestra identidad y nuestra privacidad.
En un mundo cada vez más conectado, tomarse unos minutos para crear contraseñas seguras no es una exageración, sino una necesidad básica.

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